No importa que Julián Castro no habla español

Una de las críticas del candidato presidencial Julián Castro es que no habla español con fluidez. Pero, como hispanohablantes en este país con la habilidad de votar o no, tenemos que sobrepasar esta crítica que podría descalificar a un candidato con la capacitación de mejorar a este país.

No podemos obsesionarnos con esta falta linguística de Castro--especialmente durante estos tiempos cuando nuestra raza está bajo ataque con esta presidencia.

Este es mi primer comentario en español. Y, como hijo de inmigrantes mexicanos que no domina el idioma, es algo difícil para mí.  Si encuentran algún error en mi español, en lugar de burlarse, déjenme saber.

Yo nací en Chicago en 1973. Mi primer idioma es español. Cuando empecé la escuela a los cinco años, dominé el inglés rápidamente. Y con este idioma encontré éxito.  En la década de los 80, no era popular ni necesario hablar español.  Escuchaba pura música en inglés.

Cuando empecé la universidad in 1990, pude estudiar el idioma y aprendí que palabras que usaba y oía diariamente como “parquiadero” y “troca” no son palabras aceptables en el idioma oficial.

Además, mi mamá--con muy buenas intenciones--me inscribió al kinder como “Raymond” aunque mi acta de nacimiento dice, hasta hoy en día, “Raymundo.” Mi mamá no quería que las maestras torcieran lo boca para pronunciar mi nombre nativo en un manera extraña. No quería que maltrataran mi nombre con sonidos redondos forzados. Hoy, no soy ni “Raymond.” Soy “Ray.” Así me presento.

El español para mí nunca fue algo que me empoderaba. Siempre ha sido algo utilitario. Aprendí a saludar. Me enseñaron la diferencia entre “tú” y “usted.” Pero en mi casa donde mi mamá, quien llegó a este país a los catorce años y hablaba inglés bien, y donde mi papá quien llegó a este país a los veinte y hablaba inglés suficientemente, hablábamos sólo inglés.

Vi cómo mis papás se involucraron en nuestra escuela, en nuestro barrio en la calle 26 con los vecinos, cómo se defendían, y cómo ayudaban a la gente que no hablaba inglés.

En un viaje por autobús a México cuando tenía quince años, yo puse “mexicano” en la forma donde pide la nacionalidad de uno. El agente de inmigración brúscamente tachó eso y puso “U.S. Citizen.” Y así borró mi identidad.

En México, yo hablaba lo básico y un poco más con mi abuelita y tíos. Mis primos, al contrario, se burlaban de mi español en veces. Me decían que yo no era mexicano. Bromeaban que era pocho--y sí lo soy.  Batallaba a enrollar la tortilla y mis “erres” y decir “Parangaracutirimícuaro” para comprobar mi mexicanidad. Se reían, “Ja, ja, ja.”

A veces yo me burlaba de mis primos cuando intentaban cantar canciones en inglés. “Ha, ha, ha.”  Sin embargo, pasamos muchos tiempos alegres.

Hoy en día, no necesitamos a un presidente estadounidense que hable español.

Necesitamos a un presidente que entienda las batallas, obstáculos, y necesidades de nuestras comunidades hispanas, Latinas, o Latinx--como ud. guste.

Porque en este país uno puede tener éxito sin hablar español--pero encuentra muchos límites si no habla inglés.

En abril, el Centro de Investigaciones Pew publicó que “En general, el 85% de los padres latinos dicen que hablan en español a sus hijos, según la Encuesta Nacional de Latinos 2015 del Centro. Entre los padres inmigrantes, casi todos (97%) dicen que lo hacen. Pero la proporción se reduce a 71% entre los padres latinos de segunda generación nacidos en Estados Unidos (aquellos con al menos un padre inmigrante). Y la proporción cae a sólo el 49% entre los padres latinos de tercera generación o más, aquellos nacidos en los EE. UU. de padres nacidos en los EE. UU.”

Para preparar para las conferencias con padres de mis alumnos, usualmente me ponga a recordar palabras como “comportamiento,” “puntuación,” “logros,” “metas.”

Pero termino decepcionado a veces cuando al fin de la conversación reconozco en silencio qué tan descapacitados están estos padres por no hablar inglés, cuántos límites tienen, cuánto dependen en otra persona para comunicarse cuando enfrentan tiempos difíciles.

Es cierto que algunos no tienen ni tiempo ni recursos para aprender.  Y es cierto que otros no intentan aprender.

Sí sería ideal que mi hijo de catorce e hija de once hablaran los dos idiomas perfectamente. Y sí apoyo el desarrollo de los dos idiomas en casa y en la escuela.

Pero, sinceramente, para mí, como Chicano, me importa más que dominen el inglés y las matemáticas, y que desarrollen una ideología política progresiva.

Minutos después de que nacieron, les susurré en inglés en cada uno de sus oídos pequeños, “Bienvendo/a al mundo, mi pequeño/a. Aquí usarás tu inteligencia para ayudara a mucha, mucha gente.”

Sus valores, comportamiento, y hechos son más importantes para mí que un idioma.

Por eso, no hay que criticar a Julián Castro porque no habla bien el español. Su crianza, por mala suerte taz vez, no apoyó ese desarrollo linguístico.

Quiero ser claro: esto no es una aprobación de él. Simplemente es una explicación de un mexico-americano--un Chicano--que entiende su situación.

De hecho, cuando Castro anunció su candidatura, escribí este comentario con mis dudas de su éxito.

Si nos estancamos en este debate de idioma como calificación para ser presidente estadounidense, perdemos tiempo y oportunidad. Además, no es justo que apoyemos más a un anglo-americano or afro-americano por hablar un poquito de español, por hacer el esfuerzo de conectarse con nuestra comunidad.

Ya vimos cómo el candidato Bill de Blasio ofendió al público en Miami--muchos de origen cubano--cuando usó una cita de Che Guevara (compatriota de Fidel Castro).

Y no es justo que Latinos, Latinas, Latinx que hemos logrado éxito con mucho esfuerzo e intenciones benévolas seamos minimizados por nuestra propia gente porque no dominamos el español. Hemos logrado muchas otras cosas que merecen reconocimiento.

Tal vez, nuestra realidad es mejor explicada en una metáfora.

En un poema que mi compañera bloguera compartió conmigo, Melissa Lozada-Oliva batalla con su español mocho para decir, “Si me preguntas si me español es fluído, te diría que mi español es un rompecabezas olvidado bajo la lluvia, muy mojado como para hacer que sus partes embonen y entonces sean igual a la foto de la caja.”

Pero fíjese el poder y fluidez cuando declama el mismo poema en inglés.

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